¡A la calle! que ya es hora.

12 de julio de 2007

Tú me diste la vida

Yo estaba con mi familia de vacaciones, y aquellos días íbamos con los niños a la plaza de San Antonio de Santoña, donde nos concentrábamos silenciosos con otros españoles, levemente esperanzados de que fuésemos un grano de arena de aquella playa que, por fin, amedrentara a los terroristas y a sus cómplices hasta hacerles comprender que la muerte de Miguel Ángel sería su final.
Yo fui de los idiotas que 1973 interpretábamos el asesinato de Carrero como una rendención y que la ETA acabaría con el franquismo y que -de nuevo, por fin- la libertad llegaría a España. Idiotas, miserables idiotas, como mezquinos imbéciles, así nos comportamos.
Lo digo en el encabezado: yo era un enfermo liberticida, como los miles de personas que hoy, ciegos voluntarios, siguen las consignas antifranquistas -¡¡32 años después de la muerte de Franco!!- de los modernos dictadores.
Hoy, cuando las lágrimas me abrasan, no puedo dejar de pensar cuántos españoles fuimos responsables indirectos de tu muerte y cuántos lo son aún. Están entre nuestros familiares, vecinos y amigos y conforman un secta abominable.
Por eso, Miguel Ángel Blanco siempre estará presente en mi, porque al abrirme los ojos me dio la vida. Gracias.

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